Govcoins: Un juego de supervivencia para el sistema financiero

por | 22 Jul 2021

Hace aproximadamente una década, el exjefe de la Reserva Federal, Paul Volcker, se lamentó de que el último invento útil de la banca había sido el cajero automático. La queja de Volcker podría haber sido más ambiciosa y extenderse hasta nuestros días. Y es que, a día de hoy, las únicas innovaciones del sector financiero provechosas datan del siglo pasado. Pero no por mucho tiempo, llegan las ‘Govcoins’.

Y en el caso de alguna, como las tarjetas de crédito, tienen más de 100 años. El origen del llamado papel de plástico es controvertido. Así, algunos lo sitúan en 1949 con Diners Club, una especie de grupo de las cenas, que fue creado por Frank X. McNamara junto a Ralph Schneider. Aunque su versión más primitiva se remonta a 1914, cuando la compañía Western Union creó una tarjeta para sus clientes más selectos. En 1958 nació BankAmericard, hoy más conocido como VISA.

Con el caso del cajero automático pasa algo parecido. El primero que apareció tal y como lo conocemos data de la década de los 60. Pero su idea originaria y la patente que lo sustenta, se presentó en 1939 de la mano de Luther George Simjian. La invención más útil reciente fue la de PayPal en 1998. El sistema creado entre otros por Peter Tiel o Elon Musk fue un paso más allá y permitió el pago entre particulares sin uso del efectivo. En la actualidad, han surgido otras versiones similares, como Bizum en España.

Pero hay un elemento común en todos esos avances que nadie ha sido capaz de modificar: el origen del dinero. Tanto a nivel de engendrarlo -como creación del Banco Central-, como de depósito -un banco comercial-. Al fin y al cabo, todos ellos tienen como nexo de unión la cuenta bancaria de cada usuario en la entidad de turno. Ahora, son las monedas digitales la próxima gran revolución financiera, la que pretende romper con ese pilar con el que nunca nadie antes se había atrevido.

Las ‘Govcoins’ amenazan con acabar con los bancos comerciales de toda la vida

Así, el nacimiento del bitcoin -y del resto de criptodivisas– viene a eliminar a los bancos centrales de la ecuación, mientras que las monedas digitales creadas por dichas supraentidades, llamadas ‘Govcoins’, podrían acabar con los bancos comerciales de toda la vida. La realidad es que nadie tiene asegurada realmente su supervivencia con el paso de los años y eso está obligando a todo el mundo a moverse.

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En la actualidad, la práctica totalidad de los bancos centrales del mundo están estudiando crear su propia moneda virtual. Bahamas ya lo ha implementado oficialmente. El Banco Central de China se ha convertido en el campo de experimentación más grande del mundo, gracias al yuan digital. El Banco Central Europeo ha anunciado que su misión es desarrollar el euro digital para tenerlo listo en 2025. Y, por último, la Reserva Federal lleva estudiándolo muchos meses. Todos se están moviendo al unísono porque su propia existencia se ve amenazada.

Las redes privadas no supervisadas podrían convertirse en un salvaje oeste de fraude y abusos a la privacidad

En primer lugar, por el nacimiento de monedas descentralizadas que prometen sustituir al actual dinero. El bitcoin es la más conocida, pero existen otras muchas que, además, son bastante más funcionales. Por si fuera poco, los gigantes tecnológicos también se han movido en esta dirección para crear sus propias monedas. El mejor ejemplo de ello fue la acuñación de Libra por parte de Facebook. Aunque la firma está pasando por un calvario para sacarlo adelante, el hecho en sí fue tan importante que obligó a los bancos centrales a actuar.

En segundo lugar, las nuevas monedas descentralizadas hacen peligrar la capacidad de los organismos bancarios de intervenir en la economía. Ahora, los gobiernos y bancos centrales aprovechan el sistema bancario para amplificar la política monetaria. Pero eso puede cambiar rápidamente. Si los pagos, depósitos y préstamos migran de los bancos a ámbitos digitales de gestión privada, los bancos centrales tendrán dificultades para gestionar el ciclo económico e inyectar fondos en el sistema durante una crisis. Las redes privadas no supervisadas podrían convertirse en un salvaje oeste de fraude y abusos a la privacidad.

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Los bancos ante el meteorito que podría extinguirlos

 

Por ello, los bancos centrales caminan hacía una revolución nunca vista. Y es que las monedas digitales suponen un gran riesgo para las entidades comerciales, hasta el punto de que podría contribuir a su desaparición. De hecho, entre los nuevos riesgos potenciales de los que informa CaixaBank recientemente en sus cuentas anuales, se explica cómo el euro digital podría servir de caballo de Troya en el negocio bancario para los gigantes digitales.

La clave de lo anterior radica en que un euro digital, o cualquier moneda virtual centralizada, supone de facto la creación de una cuenta en el propio balance del BCE para cada ciudadano. Lo anterior se puede ampliar y es que, si cada ciudadano posee dicho depósito, ya no necesitaría mantenerlos en su banco minorista. En otras palabras, el vínculo más estrecho entre banca y cliente se resquebraja y con ello se rompe la cadena de valor (en palabras de CaixaBank). Además, una vez que los ciudadanos no necesiten a su entidad para depositar su dinero, el resto de firmas financieras puede ofrecer sus servicios de manera más libre.

La próxima gran revolución financiera pretende romper con el propio origen del dinero, tanto en su creación como en su mantenimiento

Ahí radica el verdadero terror de la banca. Con un euro digital ya no sería necesaria. Eso supone una revolución nunca vista con la que tendrán que lidiar los percusores de estas monedas. En principio, el BCE ya ha advertido que una solución es limitar el número de euros digitales que posee cada individuo. Una cifra, ya dada, podría ser los 3.000 euros. Pero esa solución para salvar los bancos es un obstáculo para que la nueva fórmula digital tenga éxito.

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En definitiva, las ‘Govcoins’ prometen crear una verdadera revolución. Una que implica hacer que las finanzas funcionen mejor, pero también trasladar el poder de los individuos al estado, alterar la geopolítica y cambiar la forma en que se asigna el capital. Todo está a punto de cambiar y solo los mejor adaptados sobrevivirán.

 

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