Mientras dure la guerra

Mientras dure la guerra: Unamuno, Franco y Amenábar

2 semanas edad

El viernes, 27 de septiembre se estrena en nuestros cines Mientras dure la guerra, la nueva película de Alejandro Amenábar. El director recrea los últimos días de Miguel de Unamuno, en pleno estallido de la Guerra Civil Española.

Alejandro Amenábar vuelve a apartarse del cine de género y meterse de lleno en las recreaciones históricas con Mientras dure la guerra, su nueva película. No es ni mucho menos un filme bélico, aunque veremos irremediablemente partes del conflicto que sacudió esta tierra hace ya casi un siglo. Tampoco un biopic sobre Miguel de Unamuno, aunque sea él el protagonista. Lejos de contarnos su vida, se centra en sus últimos meses de vida, marcados por el estallido de la Guerra Civil Española.

En la piel del escritor tenemos a un irreconocible Karra Elejalde. El propio Amenábar admite en las notas de prensa que no le convencía de primeras: “En principio, me parecía que Karra no coincidía ni por físico, ni por edad, ni por talante con Unamuno. Uno y otro no pueden ser más distintos”. “Muchacho, olvidas que soy actor”, le dijo el intérprete al director. Viendo el resultado, podemos afirmar que lo dijo con todas las de la ley, y es que hay que admitir que se ha marcado uno de sus mejores trabajos, a la vez que ha conseguido apartarse del rol cómico en el que parecían haberle encasillado en los últimos años.

Igual de loables las interpretaciones de Eduard Fernández como el general José Millán-Astray (a las claras, el malo de la película), al que han podido moldear más a su antojo al no estar tan en el imaginario colectivo, y de Santi Prego como Francisco Franco (más secundario, pero la tercera pata del banco), en un trabajo casi mimético. La titánica labor de caracterización a base de maquillaje y prótesis obra de Ana López-Puigcerver y Nacho Díaz ha tenido mucho que ver también.

El filme arranca con un Unamuno septuagenario, que lleva media vida como rector de la Universidad de Salamanca y que, desencantado con la República que inicialmente defendió, decide apoyar a los sublevados cuando dan el golpe de Estado en 1936. Sin mencionar mucho más para no destripar la trama a quien no sepa o recuerde la historia, digamos que los acontecimientos irán poco a poco haciéndole cambiar de opinión (algo que el propio tráiler ya da a entender).

Como cualquier cineasta que se atreve con una película sobre la Guerra Civil Española, Amenábar ha tocado nervio, y no han parado de lloverle críticas por ambos lados desde que ha empezado a promocionar el filme. Desde la izquierda, muchas voces le han acusado de reescribir la historia y suavizar el papel de los fascistas. En la esquina opuesta, la Plataforma Millán-Astray denunció que la película está llena de “mentiras, odio, engaños y prejuicios” solo con ver el tráiler. Y todos sin haber visto la película, que todavía no se ha estrenado (llega este viernes a los cines).

Sobre el personaje de Franco, Amenábar comenta que si Santi Prego, como actor, “hubiera insistido en interpretar al ‘malo’ de la película, habríamos caído en el maniqueísmo, y además no habríamos sido objetivos porque, en las formas, Franco era aparentemente exquisito. No gritaba, ni soltaba exabruptos, ni le daban arrebatos como a Hitler. Era un dictador implacable pero sosegado”.

Sobre la figura de Unamuno, el director añade que “en estas cuestiones, como en las más espinosas relativas a la guerra, mi actitud fue siempre la de recopilar la mayor cantidad de información posible antes de tomar la decisión final en el guion. Sinceramente, creo que la película es un retrato fiel de lo que debió sentir Unamuno en esos meses, acorralado en Salamanca, en su casa, repudiado por antiguos amigos y adulado por futuros enemigos”.

Y sobre la intención de la película, el cineasta sostiene que “es imposible rodar desde la imparcialidad, ni siquiera un documental. Siempre habrá una mirada, un punto de vista, una intención. Otra cosa es el respeto al espíritu de los hechos y las personas reales, no desvirtuarlos, y sobre todo no caer en el adoctrinamiento o la manipulación ideológica”. Adelantándose a los acontecimientos, ya se esperaba las bofetadas antes de que le llegasen: “Quizá esta película incomode más a quienes están en los extremos, porque yo no soy extremista. Desde luego no he querido hacer una película con espíritu revanchista o victimista, y espero que sea entendida tanto por gente de izquierdas como de derechas”.

Como siempre, lo mejor es ir a verla con nuestros propios ojos y sacar nuestras propias conclusiones. En el camino, además de las ya mencionadas interpretaciones, encontraremos una gran labor de localizaciones. La mayor parte en Salamanca (desde la Universidad hasta el puente romano pasando por la propia casa de Unamuno), pero también en Toledo (el asedio del Alcázar), Bizkaia (las preciosistas escenas en las que Unamuno sueña con su mujer pertenecen a los montes de Zeanuri) y Madrid.

Y, sobre todo, un trabajo muy superior al que Amenábar ofreció en su anterior largometraje, Regresión. Es fascinante cómo el cine es capaz de hacernos cuestionar el resultado de historias que ya conocemos. Cómo esperamos que Ingrid Bergman acabe junto a Humphrey Bogart cada vez que vemos Casablanca. Y cómo esperamos que cambie el final de la Guerra Civil Española cada vez que la vemos recreada en un filme. Seguro que, algún día, alguien tan loco como Tarantino se atreverá a hacerlo.

 

Por Jesús Casañas

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