Santiago Segura: Una vida de cine

por | 1 Jul 2020

Actor, guionista, director y productor de cine, pero también presentador de televisión y actor de doblaje. La infancia de Santiago Segura se desarrolló en el barrio de Carabanchel (Madrid) con las carencias propias del lugar en esa época. “Yo era un niño muy enmadrado. Mi madre era una mujer maravillosa y para mí era una bendición. No quiero decir que mi padre fuera malo, pero echo mucho de menos el abrazo de ella. Ahora lo pienso y me siento afortunado porque yo tenía juguetes para poder jugar, aunque fuesen unas chapas y unas canicas, cuando había otros que no tenían más que unas piedras. Pero creo que mi infancia fue maravillosa porque, a pesar de las carencias económicas que pudiera tener, se compensaba absolutamente con el cariño familiar”.

Su gran afición era dibujar, y el talento que demostró lo llevó a estudiar la carrera de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. “Yo me recuerdo, desde pequeñito, siempre dibujando. Los Reyes Magos me regalaron un cuaderno con hojas blancas que me encantaba, porque no tenía cuadrículas ni pautas de caligrafía, y me parecía mágico. Recuerdo que lo llené y le dije a mi madre que me comprara otro, pero me respondió que todavía tenía muchos márgenes para dibujar. Ahora pienso que el nivel socioeconómico marca mucho el carácter”. 

Esta afición le convirtió, con el paso de los años, en coleccionista de cómics. Fue su amigo Guillermo del Toro el que le dio a conocer que existían originales de cómics, y cómo podía conseguirlos en las subastas de eBay. “Ahora tengo más de doscientos originales de cómics que, para mí, es arte popular. No está al nivel de la pintura ni de la ilustración, pero para mí es importantísimo tener un original de El Príncipe Valiente o de Flash Gordon, por ejemplo. Después de haber hecho Bellas Artes, me interesa ver el trazo, los detalles; cómo algunos dibujantes son sucios, con mucho borrado, y otros que sin embargo son exquisitos”.

 

¿Qué hubiera sido Santiago Segura si no hubiera sido actor?

No tengo ni idea, pero creo que algo que hiciera feliz a los demás. Desde pequeño me sentía muy bien haciendo reír a los demás. En el mundo que vivimos, cuando te ríes te olvidas un poco de los problemas.

 

Su primer Premio Goya le vino con Perturbado, como mejor cortometraje de ficción. ¿Qué recuerda de aquel proyecto y cómo recibió este galardón de la Academia?

Yo estaba totalmente impactado. Me alucinó ya que me nominaran, los Goya son un gran galardón para un cineasta español, pero fíjate como somos los seres humanos: Yo llevaba un par de años yendo a una casa de comidas en la calle de la Oca (Carabanchel) y me trataban fatal. Al día siguiente del Goya, me empezaron a tratar mucho mejor. Ya les molaba que estuviera ahí el gordo ese que había ganado un Goya, y ya no me ponían mala cara cuando pedía un poco más de patatas fritas. Yo pensaba, ‘pero si soy el mismo gordo de ayer’. Tú no sabes la cara que me ponían antes cuando les decía que algo estaba muy poco hecho, pero como me habían visto en la tele recogiendo un Goya, ahora decían ‘¡coño, tenemos un tío célebre aquí!, dale más patatas fritas”.

El Goya este también supuso que mis padres se relajaran un poco, porque pensaban que yo había enloquecido. Cuando estudié Bellas Artes ya les pareció mal, porque no tenía apenas salidas, pero como mi padre me dio a elegir entre estudiar o trabajar, y mi madre quería que estudiase porque ellos no habían tenido la oportunidad, pues decidí hacer Bellas Artes porque ya sabía dibujar un poco, aunque era algo que no encajaba con mis planes. Pero claro, cuando veían que iba por ahí haciendo de figurante, o que hacía doblajes, cortos y trabajillos cutres de un lado para otro, ellos pensaban “pero este chaval, en qué arroyo va a acabar…” Entonces de repente, cuando me dieron el Goya, de alguna forma, se tranquilizaron.

 

Háblenos de Álex de la Iglesia, ¿es cierto que le negó un papel en El día de la bestia?

Totalmente. Yo le pedía un papel y el me decía que tenía uno de un vagabundo que se quemaba. Y yo le decía, ¿pero tiene frase al menos? “No, pero no te preocupes que hay un producto que te das en la barba y no se te quema…” yo decía: pero me quiere dar una mierda. Yo estaba harto de figuraciones.

La sorpresa que me tenía preparada era darme el papel del conferenciante argentino que perseguimos y le damos una paliza, pero tuve la fortuna de que Javier Bardem no quiso hacer otra vez de politoxicómano después de Días Contados, y que la segunda alternativa que contemplaron, Gabino Diego, también dijo que no porque rodar en Navidades y además una cosa del anticristo, le daba “yuyu”.

Yo no me enteré de esto hasta que estaba ya en el rodaje, pero fue el productor, Andrés Vicente Gómez, el que le dijo “oye, tu amigo, el gordo ese de los pelos…” y me contaron que Álex respondió “si ese no es ni actor”; su mujer de aquel momento también ayudó “dale la oportunidad, seguro que lo hace bien”. Hasta que me lo relataron, yo pensaba: “qué majo Álex, que me estaba ocultando que tenía para mí un papel protagónico”.

El guion me pareció fascinante, no podía dejar de leerlo. Para mí fue como la lotería y le estaba muy agradecido. En aquel momento, estaba trabajando en dos programas de guionista, y me despedí por irme a una película en la que iba a ganar menos; pero tuve la buena suerte de que a las dos semanas cancelaron los dos programas, por lo que abandoné el barco antes de hundirse. Me sentí como si no me hubieran dejado subir al Titanic después de haberme robado el pasaje. Una vez que se hunde dices, “mira, pues no ha pasado nada”.

 

El papel que finalmente realizó le supuso el Goya al Mejor Actor Revelación en 1996. ¿Qué significó este reconocimiento en su trayectoria profesional?

Los premios son muy bonitos, son un gran reconocimiento, y te dan mucha popularidad. Incluso el señor de la casa de comidas te pone más patatas fritas. Pero no te llueve el trabajo. Yo siempre he trabajado en mis propias películas después de El día de la bestia, y con amigos como Fernando Trueba, Berlanga o Álex de la Iglesia, a los que he admirado. Tengo la suerte de haberme fabricado yo mi carrera de actor, donde no me ha ido mal, y en mis proyectos como director he tenido siempre éxito.

Mi fortuna también es haber estado en proyectos que me han divertido. Me gusta mucho cambiar de registro, poder hacer de Torrente, y que Fernando Trueba me deje hacer el personaje de la Niña de tus ojos, o el de La reina de España, al Gran Vázquez, a un músico con Asperger, o ahora mismo, a un padre de familia. A mí me gusta porque en la historia del cine puedes encontrarte actores del tipo Dustin Hoffman, para el que cada personaje es una composición, o actores como Cary Grant o Antonio Resines, para los que siempre los personajes son un poco él mismo.

El personaje que hago en Padre no hay más que uno, de padre de familia normal, me parece muy difícil. Hacer de persona normal, en el cine, no es fácil. Es más sencillo hacer una interpretación con acento o apoyándote en algo.

Santiago Segura en una escena de su última película, ‘Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra’, con sus hijas, Calma y Sirena Segura.

 

“No es que me dé igual lo que diga la crítica, pero prefiero ser alabado por el público”

 

La fama absoluta le llegó con su primer largometraje como director, Torrente, el brazo tonto de la ley, la película española más taquillera del siglo XX y que le proporcionó un nuevo Goya, en este caso al mejor director novel, en 1999. Aparte de la excelente aceptación del público, ¿cree que la crítica fue en la misma línea?

Yo estoy muy satisfecho. La crítica trató muy bien a Torrente. Todos los periódicos nacionales importantes la trataron muy bien. La gente no se acuerda, pero Torrente 1 fue seleccionada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes.

Luego hay una especie de rechazo u odio, que entiendo perfectamente, hacia lo que es una secuela, porque para los críticos son la “prostitución del arte”, piensan que vas al comercio. Pero hacer una secuela es muy difícil, porque la gente quiere ver algo diferente con el mismo nivel.

Entre gustar más a la crítica o al público, no es que me dé igual lo que diga la crítica, pero prefiero ser alabado por el público.

 

Santiago Segura nos cuenta cómo se siente después de haber participado en más de 70 películas y que le sigan llamando “Torrente”. Y nos habla de su obra Padre no hay más que uno, así como de su secuela, que se estrena el próximo 7 de agosto, Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra.

 

>>Podrás leer la entrevista completa en el número 24 de la revista Influencers.

 

Por Miguel Ángel Gómez

Foto: Fernando Bosch

 

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