La personificación del maquillaje

Modelos, actrices, cantantes o influencers crean con éxito sus marcas de productos de belleza.

Atrás han quedado los tiempos en los que las celebrities firmaban millonarios contratos con marcas de belleza para poner su cara en los carteles de las tiendas, hacer anuncios o nombrar un producto. El mundo digital, con las redes sociales a la cabeza, ha creado un ecosistema en el que la persona es la marca, lo que está siendo aprovechado por muchas famosas para convertirse en algo más que la imagen: ahora son las dueñas. Y nos les va nada mal.

El pasado mes de junio, Kim Kardashian lanzaba su propia marca de maquillaje, “KKW Beauty”. Facturó 12 millones de euros en menos de tres horas gracias a que los productos de la colección permitían maquillarse como ella. Una de sus hermanas, Kylie Jenner, ya había hecho lo propio en 2015, vendiendo por valor de 354 millones de dólares en apenas un año y medio. Tom Ford necesitó 25 años para lograr 500 millones.

El mundo de las influencers no solo es rentable cuando prestan su imagen a marcas consolidadas, una tónica que continúa, sino que puede ser explotado al máximo en cualquier sector que se precie. No son pocas las famosas que lanzan sus propias marcas de ropa, por ejemplo. Es lo que le sucedió a Victoria Beckham, aunque en su caso las redes sociales llegaron cuando ella ya gozaba de reconocimiento mundial. Sin embargo, estas plataformas permiten que muestren su día a día de una manera natural, lo que proporciona un engagement inédito que es fácil de transformar en negocio. Los datos que proporciona sobre los seguidores no tienen precio. “Lo digital no es una estrategia o un canal, es donde vivimos, han contado Laura y John Nelson, fundadores de Seed Beauty, a El País. Esta compañía está detrás del lanzamiento de muchas marcas de maquillaje con nombre de famosa, lo que demuestra que el fenómeno, en realidad, es similar al tradicional: Kim Kardashian no ha construido su propia fábrica de maquillaje ni un centro de investigación exclusivo, sino que se ha asociado con un fabricante que ya dispone de todo ello. Pero aquí ella es la imagen y ella es la dueña. Antes solo era la imagen. Los tiempos cambian, y con ellos los negocios.

 

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