Joker, la película del año

Joker, ¿la película del año?

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Joker ha vuelto a ser la película más vista durante su segundo fin de semana en cartelera. La nueva cinta de DC supera toda previsión: arrasa en taquilla, convence a la crítica y se premia en los festivales internacionales gracias a la épica interpretación de Joaquin Phoenix y la consistente historia de Todd Phillips.

 

Consiguió que más de un millón de espectadores apostasen por ella en su primera semana solo en nuestro país, donde se estrenó el viernes, 4 de octubre. Durante su segundo fin de semana ha vuelto a ser la película del año en curso más vista de nuestra cartelera, igualando la recaudación (4,4 millones de euros, según los datos provisionales de comScore).

En su estreno en Francia ha recaudado 10,3 millones de dólares, y en Alemania 9,3 millones. Sumando, se ha llevado 178,7 millones de dólares a nivel mundial. Su acumulado supera ya los 543 millones de dólares, y es posible que esa cifra termine alcanzando los 800 millones frente a los 55 millones que costó.

Pero son muchas las entradas que se pueden vender de una película insulsa y defectuosa inflando el hype a base de invertir cantidades insultantes en marketing (otro de los títulos que Warner distribuyó del universo DC, Escuadrón suicida, es un claro ejemplo).

Joker está funcionando gracias al boca a boca entre el público, las buenas críticas entre la prensa especializada y los reconocimientos en los festivales internacionales. Se llevó el León de Oro en Venecia y ha sido elogiada en Toronto y San Sebastián. ¿Por qué?

Para empezar, nos topamos con una historia sobrecogedoramente real. No hay capas, ni súper poderes, ni ciencia-ficción ni elemento sobrenatural alguno. Sucede en la imaginaria Gotham City, pero podría ocurrir en Nueva York (donde se ha rodado realmente), Madrid o Berlín. Y es que no hay lugar más inhóspito que una gran ciudad. Cuanta más gente, más sensación de soledad.

El culpable de todo es Todd Phillips, director, coescritor y productor. Parece mentira que viniendo de realizar filmes tan superficiales como Borat o la trilogía de Resacón en Las Vegas haya sido capaz de firmar una cinta con tanta profundidad. El guion lo firma a medias con Scott Silver (8 millas, The fighter), así que algo habrá tenido que ver.

Se nos narra la agonizante vida de Arthur Fleck, que compagina su precario trabajo como payaso con sus intentos por abrirse paso en el mundo de los monólogos mientras cuida de su madre, compañera de piso y única persona de su entorno personal. Y asistiremos, por supuesto, a su descenso a los infiernos hasta convertirse en el villano que todos conocemos.

El propio Phillips lo explica así: “Me fascina la complejidad de Joker y me pareció que valía la pena explorar su origen en el cine, ya que nadie lo ha hecho. Además, en el canon tampoco tiene un comienzo oficial. Así que Scott Silver y yo nos pusimos a escribir una versión de un personaje complejo y complicado para ver cómo evoluciona y finalmente cómo degenera. Eso es lo que me interesaba, no una historia sobre Joker, sino cómo se convierte en Joker”.

Podemos afirmar sin que nos tiemble la mano que estamos ante la mejor película del universo DC desde la trilogía de El caballero oscuro. Solo que esta vez el protagonista es el malo. “Uno de los temas que queríamos abordar en la película es la empatía y, lo más importante, la ausencia de empatía que está tan omnipresente en el mundo de Arthur”, afirma Phillips.

Todo habría sido inútil sin un actor a la altura de las circunstancias. Joaquin Phoenix, a quien no le importó adelgazar 24 kilos para dar vida al personaje, fue sin duda la elección adecuada. Nunca le había interesado trabajar en películas de superhéroes hasta que leyó el guion: “Pensé que era audaz y complejo y que no se parecía a nada que hubiera leído antes. Todd tiene una forma especial de ver las cosas que encaja a la perfección con esta película. Cuando trabajo con un director, quiero a alguien que tenga una visión singular del material, y nadie podría haber hecho esta película excepto Todd”, admite.

Una actuación digna de Oscar, aunque la Academia de Hollywood siempre es reacia a otorgar sus premios importantes a producciones de género. Los críticos temen además que la película del año sea demasiado “perturbadora” para llevárselo. Acompañada de otras interpretaciones también reseñables como la de Frances Conroy, Zazie Beetz o el mismísimo Robert De Niro.

Pero es ese Phoenix incapaz de parar de reír quien captará toda nuestra atención. “En la actualidad, su estado es un síndrome reconocido. Pero en la época en la que se desarrolla nuestra historia, no se diagnosticaba, aunque sí que era un trastorno real”, explica el director.

Phoenix reconoce que, incluso durante el rodaje, “hubo momentos en que sentía pena por él. Llegué a comprender sus motivos, pero enseguida sentía rechazo por las decisiones que tomaba.  Interpretar a este personaje fue un desafío para mí como actor, y sabía que también sería un desafío para el público y sus ideas preconcebidas sobre el Joker, porque en su mundo ficticio, al igual que en nuestro mundo real, no hay respuestas fáciles”. Parecía improbable que nadie superase el Joker que encarnó Heath Ledger, pero aquí está Joaquin Phoenix.

Una historia descarnada y alucinada donde nunca sabremos realmente qué está pasando de verdad y qué dentro de su cabeza. Y donde, cual Stanley Kubrick en El resplandor, Todd Phillips se ha tomado hasta la molestia de grabar los textos escritos (el diario de Arthur, las portadas de los periódicos…) en diversos idiomas y meterlos en el respectivo montaje de cada región (en lugar de introducir subtítulos). En los pequeños detalles está la diferencia.

Texto: Jesús Casañas

Fotos: Warner Bros. Pictures

Jesús Casañas

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