Día Mundial del Libro

El Día Mundial del Libro más virtual: de Galdós a Lucas Vidaur

3 meses edad

El aluvión de propuestas virtuales que luchan por suplir las casetas y las flores del Día del Libro y la dolorosa ausencia próxima de la querida Feria del Libro de Madrid puede llegar a agobiar. Todas las editoriales, la Casa del Libro y el Instagram de cada escritor pugnan por seducirnos y no hay más que darse una vuelta por la red para acceder a mil pistas, opciones y coloquios en directo con autores que promocionan sus obras en circunstancias tan atípicas.

Cuidado con las múltiples listas de “lo que hay que leer”, “lo que no te puedes perder” y “lo que harías fatal si no lo leyeras”. No nos confinamos para angustiarnos más, sino para redescubrir placeres. Un amigo me está enviando diariamente su blog donde comparte con fresco talento periodístico una mezcla de lo que ahora son aventuras cotidianas (acudir al despacho en bicicleta, o al estanco, sus ejercicios gimnásticos) y recomendaciones literarias tan colosales que me provocan impotencia. Extraigo solo unas pocas, para que no falten tampoco aquí las recomendaciones:

Relacionados con epidemias y confinamientos: El Decamerón de Boccaccio, La Peste de Camus, La Montaña Mágica de Thomas Mann, Los Novios de Manzoni y Némesis de Philip Roth. En la categoría de novelas históricas: la Trilogía Transilvana de Miklos Banfly y Los Reyes Malditos de Maurice Druon. Entre la alta literatura de viajes, mi amigo recomienda, y yo suscribo, el delicioso Viajes con Heródoto de Kapuscinski y el Vagabundo en África de nuestro Javier Reverte…

¿Ven?, ya se han cansado. Mejor pocas pistas y seguras. Cada cual ha de encontrar lo que se ha escrito ‘para él’ porque no hay valores absolutos sino individuos con gustos personales y esto no es ningún maratón.  

Todos los días hay razones para celebrar los libros. Y no solo su contenido, sino su perfume, esa textura del papel que detestaban los infames en Fahrenheit 451 y otros que en momentos oscuros de la Historia perpetraron su quema. La Unesco decidió dedicar al libro un Día desde 1995 y que fuera el 23 de Abril porque entonces fallecieron Shakespeare y Cervantes. Pero las fechas bailan, hay una para toda ocasión y en 2020 se nos atropellan unas cuantas a los españoles. Por ejemplo, hace 100 años que nació Miguel Delibes, los mismos desde que murió Pérez Galdós, y este ha sido objeto de culto debate en los papeles entre Muñoz Molina como abogado defensor y Javier Cercas en el papel de fiscal que lo considera “un mal escritor”. Terció en la polémica Mario Vargas Llosa sentenciando que “el autor de Fortunata y Jacinta fue el mejor escritor español del siglo XIX”. 

Benito Pérez Galdós falleció el 4 de enero de 1920

 

Pero no nos quedemos en los grandes nombres y en tareas pendientes. No todo son muñozmolinas o cercas con castillos sólidamente construidos discutiendo desde sus atalayas sobre Galdós ante un boquiabierto pueblo llano. Avancemos hacia nuevos descubrimientos. Pienso en El tejido de las cosas (Libros Walden) de un prometedor Lucas Vidaur, que reivindica un humor y lenguaje insólitos en España que deben rastrearse en la generación beat de Richard Brautigan. En este Día del Libro pienso en autores jóvenes que publicaron su primera novela justo ‘cuando empezaba todo esto’ y tendrán que esperar para presentar, promocionar y vender unas obras trabajadas con la dedicación de un orfebre. Tendrán que aprender la paciencia antes que otras lecciones literarias.

Lucas Vidaur

 

Es interesante que los paladines de la pluma midan pacíficamente sus armas en estos aniversarios, pero es más hermosa la fusión de tradiciones acuñada por los catalanes en su Sant Jordi al trasladar la leyenda de San Jorge y el Dragón a Tarragona, donde la victoria del caballero sobre el monstruo habría hecho brotar de la sangre del dragón la rosa más roja jamás vista y que Sant Jordi regaló a una princesa. Rosas y libros, comercio y belleza, se unen cada 23 de abril para los catalanes y uno de ellos bien conciliador es el actual Premio Cervantes (considerado el Nobel de las letras hispánicas) que debería haberlo recogido en este Día del Libro tan virtual. Joan Margarit escribe su poesía tanto en catalán como en castellano. Una es su lengua materna. Otra, la que tuvo que usar hasta los 18 años y en la que se formó estéticamente. No reniega de ninguna y explica: “Si has leído a Quevedo, Góngora, El Quijote y Delibes, amas esa lengua que te ha dado tantas cosas”.  

 

Por Juan Carlos de Laiglesia

  

 

 

 

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