Un debate con posiciones enfrentadas: ¿Qué hacemos con la energía nuclear?

6 meses edad

Mientras España camina hacia la reducción de la energía nuclear, otros países avanzan en su implantación. Hay más de 400 reactores en 30 países, que generan el 11% de la energía mundial. Pero ni expertos, ni políticos, ni la población se ponen de acuerdo sobre la idoneidad o no de continuar promoviéndola o empezar a apostar por alternativas.

La energía nuclear quedó marcada de por vida el 26 de abril de 1986, cuando una prueba de corte de suministro eléctrico en la central nuclear de Chernóbil, en la Ucrania soviética, provocó un accidente que solo la catástrofe de Fukushima, acaecida en 2011 en Japón a raíz de un tsunami, ha podido tal vez igualar. Desde entonces, el debate sobre las centrales nucleares es una constante en la sociedad mundial, donde alrededor del 11% de la energía proviene de fuentes nucleares, según el Foro Nuclear. Una treintena de países cuentan con estas infraestructuras, que en total aglutinan más de 440 reactores. Hay otros 58 en construcción, muchas veces con la duda de sus verdaderas intenciones: civiles o militares, algo que depende del país y de lo que opinen sus adversarios. Porque a las catástrofes civiles se une la desconfianza de una parte de la población hacia esta forma de generar energía por las reminiscencias que evocan los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki, ambos en el marco de la Segunda Guerra Mundial como parte de la confrontación entre Estados Unidos y Japón.

 

La Europa nuclear

En Europa, catorce de los veintiocho estados miembros tienen centrales nucleares, lo que significa que casi la mitad del total de centrales que hay en el mundo están en el continente, que cuenta con más de un centenar de reactores. La mayoría (58) están en Francia, el campeón mundial de la energía nuclear: el 75% de su electricidad proviene de esta fuente, que da empleo a más de 220.000 personas. La polémica sobre esta industria llevó al gobierno del socialista François Hollande a marcarse el objetivo de reducir al 50% el porcentaje de energía nuclear en 2025, una meta que ha respetado Emmanuel Macron.

Más lejos fueron Italia y Alemania. El primero cerró todas sus centrales nucleares en 1990 tras votarlo los ciudadanos en un referéndum celebrado tras el accidente de Chernóbil. En 2008, el Gobierno planificó 10 nuevos reactores, pero el accidente de Fukushima forzó un nuevo referéndum que, de nuevo, optó por no mantener centrales nucleares en el país. El accidente japonés también llevó a Alemania a anunciar el cierre de todas sus centrales nucleares antes de 2022. Algo más del 13% de su energía tiene origen nuclear, un cifra que hace una década superaba el 30%.

 

Aperturas, cierres y España

Mientras algunas grandes potencias abogan por el progresivo abandono de la energía nuclear, otras naciones tienen en marcha planes para construir nuevos reactores o alargar la vida de los existentes. Es el caso de Finlandia, que cuenta con cuatro reactores, ultima la construcción de un quinto y baraja dar luz verde a otro más. También Reino Unido ha dado luz verde a la construcción de una nueva planta nuclear después de décadas en las que los únicos movimientos en el sector han ido encaminados a desmantelar instalaciones obsoletas. Con una inversión superior a los 21.000 millones de euros y la participación de empresas francesas y chinas, la nueva planta británica entrará en funcionamiento en 2024 y aportará el 7% de la energía total del país, llegando a seis millones de hogares. Se sumará a los 15 reactores que actualmente tiene en funcionamiento.

En España la situación es diferente. Una especie de limbo provoca un debate si cabe más intenso entre quienes abogan por alargar la vida útil del parque actual, quienes optan por promover nuevas centrales y quienes proponen cerrar las existentes y compensarlo con energías renovables. El país cuenta con siete reactores nucleares que generan alrededor del 21% de la energía que consume.

La mayoría de las centrales nucleares españolas datan de los años 80, lo que aviva el debate sobre su vida útil, pensada inicialmente para unos 25 años. El país paró Vandellós I, ubicada en Tarragona, en 1989 y en 2004 entró en un periodo de latencia de 25 años hasta su desmantelamiento. Similar suerte han corrido Zorita, en Guadalajara, que cerró en 2006, y Garoña, la central nuclear más antigua de la Unión Europea. Fue construida en 1971 y parada en 2012 con la intención de cerrarla en 2013. Nuclenor, la compañía propietaria, solicitó un año después alargar su vida útil hasta 2031. El Gobierno decidió en agosto de 2017 no renovar los permisos y forzar su cierre.

 

El futuro de la energía nuclear

No existen planes nacionales que contemplen la apertura de nuevas centrales nucleares, pero tampoco hay programas que busquen sustituir esta energía por fuentes renovables. Esto deja a España en una situación de dependencia energética que ningún gobierno ha terminado de solucionar, pero que la Unión Europea ayudará a solventar con una inversión de casi 600 millones de euros para la interconexión con Francia. Un túnel de 370 kilómetros, en su mayoría bajo el mar, permitirá que el país pase de una interconexión del 6% actual (unos 2.800 MW) a casi el 10% que recomienda la Unión Europea, alcanzando una cifra cercana a los 5.000 MW. Está previsto que en 2025 ya se hayan completado las obras. Para entonces, el panorama nuclear probablemente habrá vuelto a cambiar. Pero nadie sabe cómo.

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