Davos y el fantasma de una nueva recesión

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Bajo el leitmotiv : “Globalización 4.0: Cómo diseñar una arquitectura global en tiempos de la cuarta revolución industrial”, el pasado viernes 25 de enero concluyó en Davos el Foro Económico Mundial.

El profesor Klaus Schwab, su fundador en 1971 y director ejecutivo hasta la actualidad del Foro, explicaba así sus objetivos para este año: “Esta cuarta ola de globalización debe centrarse en las personas y ser inclusiva y sostenible. Ingresamos en un período de profunda inestabilidad mundial suscitada por el quiebre tecnológico de la cuarta revolución industrial y el reordenamiento geoeconómico y geopolítico. Necesitamos reunir a representantes de todos los grupos humano en Davos para invocar la imaginación y el compromiso necesarios para abordar este desafío”.

Pese a lograr una asistencia récord de representantes públicos, más de 1.700 representantes del sector privado y casi 900 de la sociedad civil, su primera noticia fueron la ausencias. Líderes como Trump, Macron o la Premier británica tuvieron que quedarse en casa para atender graves conflictos internos. Según los analistas, no es un buen síntoma que estos líderes optaran por soluciones autárquicas en lugar de participar en un foro que trata los problemas a un nivel global cuando todos los conflictos domésticos que requerían su atención tenían su origen en la globalización. En este sentido la canciller alemana, Angela Merkel, recordó que “no hay soluciones nacionales para problemas globales. La única opción es el multilateralismo, el abandono de los nacionalismos excluyentes y el proteccionismo”.

 

La crisis de Venezuela, invitada inesperada…

La crisis venezolana se coló en Davos, que fue escenario de la declaración conjunta de Colombia, Brasil, Perú y Canadá reconociendo al jefe parlamentario Juan Guaidó como presidente interino del país. Y el presidente de Colombia, Iván Duque, prometió que su país acompañaría “este proceso de transición hacia la democracia para que el pueblo venezolano se libere de la dictadura”.

“Venezuela tiene un largo camino delante. Tiene que ser reconstruida, refundada, repensada, rehecha” dijo Moisés Naím, que fue ministro de ese país en el gobierno Carlos Andrés Pérez (1989-1993).

La urgencia climática

El discurso de una adolescente sueca de 16 años, Greta Thunberg, cuya movilización contra el cambio climático inspira a jóvenes de todo el mundo, removió a hombres de negocios y líderes políticos el último día del foro cuando dijo: “Nuestra casa está en llamas. No quiero su esperanza, quiero que sientan pánico”. Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, declaró:  “El cambio climático va más rápido que nosotros, estamos perdiendo la carrera y podría ser una tragedia para el planeta”, con un llamamiento a la acción de la élite mundial reunida sobre el planeta.

Como nota positiva, Christina Figueres, fundadora de la ONG Global Optimism, declaraba: “Creo que la gente empieza a darse cuenta de que no se pueden hacer negocios en un planeta muerto. Me voy de Davos con más esperanzas que cuando llegué”.

Crecen la desigualdad y el fantasma de una nueva recesión

“Las desigualdades extremas están descontroladas”, dijo la directora de la ONG Oxfam, Winnie Byanyima, quien calcula que 26 multimillonarios poseen más dinero que las 3.800 millones de personas más pobres del planeta. Y Bono, cantante de U2 y cofundador de la campaña One Bono, remachó: “El capitalismo sacó a más gente de la pobreza que cualquier otro ‘ismo’ pero es una bestia salvaje que, si no se doméstica, puede devorar a muchas personas en el camino”

Davos concluyó con incertidumbre sobre la evolución de la economía global y cierto temor a que en 2020 se pueda producir una recesión. El día de su inauguración, la consultora Price Waterhouse había publicado una encuesta de presidentes de grandes empresas de todo el mundo donde, a diferencia del mismo sondeo realizado el año pasado, la mayoría de CEOS se mostró poco o nada optimista sobre sus negocios y sobre el crecimiento económico este año.

“Después de dos años de sólida expansión, la economía mundial crece más lentamente de lo esperado y los riesgos están aumentando. Los políticos deben gestionar las vulnerabilidades que queden y estar preparados por si se produce una desaceleración seria”, señaló Christine Lagarde el primer día del foro, coincidiendo con una revisión del FMI a la baja en dos décimas del crecimiento mundial esperado para este año, que estableció en 3,5%.

 

 

Antonio Guterres confirmó la existencia de señales de ralentización de la economía mundial y aseveró que están ligadas a las relaciones internacionales, a las tensiones comerciales entre países, China y Estados Unidos en particular, y al cambio climático.

La publicación de la previsión del menor crecimiento del PIB de China de los últimos 30 años desplomó los ánimos de los líderes que asistían al foro, aunque la delegación china asistente a la cita le quitó importancia y el vicepresidente chino Wang Qishan aseguró, para acallar los temores a la ralentización de la segunda economía del mundo, que su previsión era del “6,6%, una cifra significativa que para nada es baja”.

En conclusión, la cumbre terminó sin despejar las dudas que pesan sobre la evolución económica y el temor a una crisis como la financiera de 2008 que, en palabras de Angela Merkel, “todavía no está superada del todo”.

 

Por J.C. de L.

 

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