Bill Viola, leyenda viva del videoarte, en Fundación Telefónica

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La muestra Bill Viola. Espejos de lo invisible acerca la obra del mayor exponente de esa disciplina artística desde el 6 de febrero hasta el 17 de mayo.

Una excelente manera de visualizar los pasos de la evolución tecnológica es comprobar su aplicación en un artista comprometido con el videoarte durante 40 años. La obra de Bill Viola (Nueva York, 1951) se ha expuesto en el Whitney Museum of American Art, el J. Paul Getty Museum, el Mori de Tokio, el Grand Palais de París y la Royal Academy de Londres. En España, sus obras han podido apreciarse en la retrospectiva que le dedicó el Guggenheim de Bilbao en 2017. Ha recibido distinciones como el Premio Fundación MacArthur al “genio creativo” (1989), doctorado honoris causa en Bellas Artes por la Universidad de Siracusa (1995) o el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón (2011).

Ahora, comisariada por su esposa Kira Perov, fotógrafa y directora del Bill Viola Studio, la exposición de Fundación Telefónica es una oportunidad única de conocer la evolución del artista en su reflexión visual sobre la condición humana y el paso del tiempo. Una evolución paralela al desarrollo de la tecnología del vídeo en los últimos 40 años que se evidencia en sus veinte obras más significativas.      

Bill Viola.’Quintet astonished’

 

La exposición abarca desde piezas de sus inicios como The Reflecting Pool (1977-1979), en las que Viola exploraba, usando su propio cuerpo, las posibilidades de la imagen electrónica, hasta las muy actuales de la serie Mártires (2014) donde incorpora la tecnología más puntera en producciones complejas con actores y sofisticados efectos de cámara. 

En sus primeras obras Viola ya dejó constancia de su interés por la noción del tiempo. Así, en The Reflecting Pool (1977-79) experimenta con la desintegración de la figura lanzándose en una piscina en un bosque donde “el tiempo se extiende y queda suspendido por una serie de acciones que solo se ven en el reflejo del agua”. También se aprecia esta fascinación en Heaven and Earth (1992), donde confronta las etapas de la vida a través de los rostros de una anciana y de un recién nacido.

Las videoinstalaciones de Viola revelan su inspiración en el Renacimiento y la Baja Edad Media, así como influencias de tradiciones espirituales como el budismo zen, el sufismo islámico o el misticismo cristiano. Por ejemplo, las cuatro obras de la serie Mártires que le encargó la catedral de Saint Paul de Londres en 2014, muestran en cuatro pantallas los cuatro martirios que simbolizan conceptos como la acción, la fortaleza, la perseverancia, la resistencia y el sacrificio en la lucha con los elementos tierra, aire, fuego y agua ante la aceptación final de la muerte. 

 

  

 

 

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