20 años de Cómo ser John Malkovich

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El 2 de septiembre de 1999 se estrenaba en el Festival de Cine de Venecia Cómo ser John Malkovich, la comedia imposible escrita por Charlie Kaufman que supuso el debut de Spike Jonze como director. Su enfoque surrealista y su refrescante originalidad la han encumbrado hasta cinta de culto, así que celebramos su vigésimo aniversario con estas diez curiosidades sobre el filme.

-La culpa de todo la tuvo Coppola. Cuando Charlie Kaufman (que había escrito episodios varios de series noventeras como Búscate la vida, The edge o Matrimonio de conveniencia) finalizó el libreto de su primera película se lo envió a Francis Ford Coppola. Le gustó tanto que se lo enseñó al esposo de su hija Sofía, Spike Jonze, que tras haber realizado innumerables cortos se pondría manos a la obra para dirigir el que sería su primer largometraje.

-John Malkovich no quería protagonizarla. Cuando John Malkovich leyó el guion quedó encantado, e incluso se ofreció para ayudar con la producción, pero dijo que otro actor encajaría mejor en el papel e incluso llegó a sugerirle a Spike Jonze que fuese Tom Cruise. El director se negó en rotundo, y tras mucha insistencia, Malkovich acabó por aceptar. 

-John Cusack buscaba el guion más loco del mercado. John Cusack le pidió por aquel entonces a su agente que le hiciese llegar el “guion más loco e irrealizable” que encontrase. El agente hizo bien su trabajo, y cuando leyó Being John Malkovich, Cusack se presentó a la audición consiguiendo el papel protagonista. 

-Cameron Diaz no sabía que estaría irreconocible. El guion incluía descripciones físicas mínimas de los personajes, así que Cameron afirmaría posteriormente que cuando aceptó el papel no sabía que la gente no le “iba a reconocer”. El maquillador, Gucci Westman, sostiene que diseñó su papel como “un desafío, para que se vea hogareña”. Una vez maquillada, Diaz habló con varios miembros del equipo y pensaron que era una extraña. Misión cumplida.

 

-A Catherine Keener no le gustaba su personaje. La actriz Catherine Keener llegaría a reconocer a The New York Times que no le gustaba su personaje, la fría y manipuladora Maxine: “Era sexy y audaz, y realmente no me gustaba. No era a quien veía por parte de Maxine”.

-El guion original incluía a Kavin Bacon en lugar de a Charlie Sheen. La primera versión del libreto describía a Kevin Bacon como el amigo con el que Malkovich comparte varias escenas de su supuesta vida real. John recomendó a Charlie Sheen (en plena rehabilitación por aquellos momentos), que aceptó sin haberlo leído siquiera. 

-El Sr. Flemmer iba a ser el mismo diablo. Lo cierto es que la versión final que vimos en cines tenía muchos cambios respecto al guion original, donde el Sr. Flemmer (el jefe de la empresa donde encuentran el famoso pasadizo) era en realidad el propio diablo, y el asunto de tomar el control de la mente de Malkovich era su plan maestro para dominar el mundo.

-Craig Schwartz combina dos nombres reales. El nombre del protagonista, Craig Schwartz (Cusack), es una combinación de Edward Gordon Craig y Bruce Schwartz. Craig fue un actor británico de principios del siglo XX que afirmó que los actores no deberían ser considerados como algo más importante que una marioneta. Schwartz es un titiritero consumado de EE. UU. que sigue en activo en la actualidad.

 

-Se dice el nombre de John Malkovich más de 130 veces. De una u otra forma, se nombra a John Malkovich más de 130 veces a lo largo del filme. Claro que la escena en la que el actor viaja a su propia mente y no se repite nada más que su apellido tiene mucho que ver.

-La lata dio de verdad en la cabeza de Malkovich. La escena en la que alguien arroja la lata de su cerveza desde un coche en marcha a la cabeza de John Malkovich es real. Malkovich cuenta que Spike Jonze estaba a punto de suprimir la escena, puesto que iban ya ajustados con el tiempo de rodaje y además pensaba que nadie querría tirar una birra al famoso actor. Pero cuando pidió algún voluntario entre el equipo, 70 u 80 personas levantaron la mano. El afortunado, el asistente de redacción, la clavó al primer intento.

 

Por Jesús Casañas

Jesús Casañas

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